Cerrato Insólito, volumen 2, de Fernando Pastor
Fernando Pastor presenta este sábado, a las 19 horas, en la antigua casa del médico de Astudillo, el segundo libro de Cerrato Insólito.
La nueva firma de Curiosón nos deleitará quincenalmente con historias que retratan la vida y los protagonistas de este rincón de España.

|||| La editorial Aruz, ha encontrado un proyecto interesante que estará al cuidado de una editorial que mima a sus autores.
Santiago Zurita
La historia de los últimos tiempos del Cerrato cobra vida en este nuevo libro de Fernando Pastor, donde las curiosidades más interesantes o trágicas y las anécdotas más relevantes de los personajes más llamativos van completando un puzzle que nos lleva a hacernos una idea más aproximada de lo que era vivir en estas poblaciones en los años en que la escasez era lo habitual y la picaresca casi necesaria para sobrevivir: la caza furtiva tan cotidiana y que tanto provecho dio a los que carecían de los recursos necesarios para alimentar a sus familias, aunque a veces su práctica ocasionara mucho dolor a algunos vecinos de forma directa o indirecta como el lamentable caso del pastor al que endosaron un crimen que no cometió. Pesca y caza a la orden del día tan necesarias para la mesa y en algunos casos para vender en otros pueblos tras una noche de captura inmejorable. Picaresca también para poder divertirse o darse un gran festín entre tanta carencia. Así es el caso de las peñas y sus constantes robos de conejos, gallinas o lechazos e incluso guisos ya preparados, que desaparecían de las cocinas de algunos particulares para llevarse los mozos a sus bodegas y así poder celebrar con algo más que pan una buena fiesta. Tiempos en los que aún no existían todos los medios electrónicos o visuales como la televisión, el teléfono o los medios de transporte particulares o públicos, con alguna excepción como es el caso de la casa que disponía del único teléfono del pueblo, o del bar con televisión. Así surgían personajes que intentaban suplir esas carencias con sus ocurrencias como es el caso del Chapillas, el supermán del Cerrato, capaz de organizar lo que fuera a lomos de su Ford Fiesta o protagonizar increíbles historias dignas de ser noveladas como la de los payasos o la del cantante Ramoncín y de cómo llegó éste a convertirse en un roquero famoso. Tiempos donde los pueblos tenían vida propia y se nutrían de lo que cultivaban, criaban y de lo que en ellos acontecía. Tiempos donde se emigraba en busca de algo mejor o como en el caso de Aurelio Silva de Vertavillo de convertirse de la noche a la mañana en marinero en Groenlandia allá por los años 50 del siglo pasado, la envidia posiblemente de cualquier viajero de nuestros tiempos. Tiempos donde los animales y, muy en especial, los burros aún formaban parte de la vida rural en las faenas del campo o del transporte y donde se tenía claro que de burros no tenían nada, sino que sabían bien lo que hacían a pesar de negarse a caminar hacia atrás, algo que aparecerá en estas páginas sonsacándonos al menos alguna risotada por la cabezonería de sus dueños en intentar conseguirlo y admitir que: “A inteligente me ganarás, pero a burro no”. Supongo que las generaciones anteriores, nuestros padres o abuelos, alguna vez nos han contado alguna anécdota graciosa de estos animales tan inteligentes que saben perfectamente orientarse por mucha niebla que haya o por muy ebrio que vaya el dueño.
Tal vez precisamente porque el tiempo discurría con mayor lentitud y porque las cosas sucedían en ámbitos más reducidos y de una manera completamente diferente a la que estamos acostumbrados, estas páginas nos devuelven la frescura de aquellos tiempos en los que vivir era toda una aventura, a veces dura, a veces llena de color y ambas generando momentos inolvidables que aún se recuerdan cada vez que nuestros mayores se reúnen y lo comentan entre risas y nostalgia durante las fiestas patronales o en cualquier ocasión de la que dispongan. Por ello, deseo agradecer a Fernando Pastor el que continúe con esta labor de investigación, de recopilación de historias de nuestros pueblos y de individuos concretos que forman parte del ADN de nuestra historia cerrateña.























