Grazalema y Astudillo
Creo que llegan días precisos para que los buenos sentimientos afloren. Andalucía, sufre. Podría escribir frases oídas en la radio con las que cada persona, político o no, expresaba su dolor y su compasión.
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| Grazalema - El Pantera - commons.wikimedia |
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| Lateral Plaza Mayor de Astudillo - Por L. Bleye - commons.wikimedia |
Una tarde, muchas, del pasado invierno, el agua caía, desde un cielo oscuro, no mansamente, yo diría que con rabia, y golpeaba mediante la ayuda del viento los cristales de mi casa en la que trabajaba o leía. El sonido repetitivo, me hizo recordar que allá en el Sur, llovía a mares. Hace años, en Astudillo, (cuando el cielo no regalaba una sola lágrima), se sacaba a los santos en procesión, cantando unas hermosas estrofas que se iniciaban así: «Agua, Señor, agua...» solicitud de lluvia que no quería llegar. La voz clara de Sabina, en la ermita del Cristo de Torre, nos acercó la tradición un día después de la misa; su canto lo recogió Cadena SER con una grabadora.
Era día de fiesta especial -como el domingo pasado-. En un cuarto adosado al lugar donde se reparte el pan y el quesillo, se vendían labores que todo el pueblo, sus mujeres, habían realizado para ayudar a Manos Unidas. Y allí estaba junto al coro y conectaron con nosotras. Por las ondas la voz de Sabina se alzó con devoción, la que, hombres y mujeres sienten cuando miran al cielo y piden a Dios algo sumamente necesario: agua.
Conservo la grabación. Me pregunto cuántos años hemos sido inconsecuentes e hicimos lo que no era bueno para esta madre naturaleza que, parece, ha decidido vengarse justamente de todos nosotros. Catástrofes ¿Por qué? Oigo atenta las explicaciones de un científico que nos habla sobre qué clase de terreno está construido Grazalema y a qué se debe que el agua, en tierra que ya no puede retener más, la expulse hasta lograr desastre. Unos minutos antes, alguien había hablado de casas construidas cerca de las playas, en lugares no debidos. Vuelvo a Grazalema. Allí sí se tomaron las medidas oportunas para que los riesgos fueran mínimos. Y, sin embargo, cuánta tristeza en las declaraciones de personas mayores que debieron abandonar su hogar y mostraban su inquietud por cómo encontrarían sus casas a la vuelta. En ellas había transcurrido toda su vida. Mostraban una profunda pesadumbre. La compasión se extendió entre los oyentes.
Era día de fiesta especial -como el domingo pasado-. En un cuarto adosado al lugar donde se reparte el pan y el quesillo, se vendían labores que todo el pueblo, sus mujeres, habían realizado para ayudar a Manos Unidas. Y allí estaba junto al coro y conectaron con nosotras. Por las ondas la voz de Sabina se alzó con devoción, la que, hombres y mujeres sienten cuando miran al cielo y piden a Dios algo sumamente necesario: agua.
Conservo la grabación. Me pregunto cuántos años hemos sido inconsecuentes e hicimos lo que no era bueno para esta madre naturaleza que, parece, ha decidido vengarse justamente de todos nosotros. Catástrofes ¿Por qué? Oigo atenta las explicaciones de un científico que nos habla sobre qué clase de terreno está construido Grazalema y a qué se debe que el agua, en tierra que ya no puede retener más, la expulse hasta lograr desastre. Unos minutos antes, alguien había hablado de casas construidas cerca de las playas, en lugares no debidos. Vuelvo a Grazalema. Allí sí se tomaron las medidas oportunas para que los riesgos fueran mínimos. Y, sin embargo, cuánta tristeza en las declaraciones de personas mayores que debieron abandonar su hogar y mostraban su inquietud por cómo encontrarían sus casas a la vuelta. En ellas había transcurrido toda su vida. Mostraban una profunda pesadumbre. La compasión se extendió entre los oyentes.























