El cuarto hijo de Malui
El cuarto hijo de la gorila Malui nació muerto y es elocuente y enternecedor todo el sacrificio que la memoria de Anup Shah nos deja para que recapacitemos, tal vez, para que toda esa barbarie que hoy se manifiesta en tantos campos, nos haga recapacitar.
Anup Shah nació y creció en Kenia y aunque obtuvo tres títulos universitarios en Inglaterra, volvió a África para inmortalizar con sus fotos la vida silvestre que tanto le aportaba. Los reportajes publicados en National Geographic, más de 14 libros publicados y prestigiosos premios obtenidos, ya le llevan a ocupar un rincón en las hemerotecas, pero a mí me cautivó este mes de agosto, la lectura de un texto donde los sentimientos y la emoción, a poco que te metas en la historia, te dejan sin aliento. Malui es una gorila occidental que alcanzó la fama por una foto de Anup donde aparece rodeada de mariposas tras superar el duelo por la muerte de su cría. El cuarto hijo de la gorila Malui nació muerto. No podía ser. Me pongo en la mente de la gorila, que necesita contarle lo que siente una madre, el gozo de alumbrar una vida. Malui trató de revivirlo, quiso recuperarlo, cambiar como fuera el inicio de aquella historia. No era necia, sabía que no iba a obtener una respuesta, era consciente de que no había remedio, pero trató de amamantarlo. Anup Shah añade: “con todo el amor y la locura del mundo”. Como no respondía lo cargó a sus espaldas. Quería hacerle ver la grandeza de aquel lugar al que llegaba y de paso convencerse y convencer al mundo de que estaba tan vivo como ella. Muchas horas más tarde, cuando comprendió que aquel hijo no podría ver el mundo, que nada podía hacer para insuflarle vida, abandonó el cadáver. Los demás gorilas, que permanecían expectantes, la vieron golpearse el pecho con desesperación, sumiéndose a continuación en una tristeza silenciosa. La fotógrafa cuenta cómo su hija mayor la aseaba, trataba de animarla, que no estaba sola, que volviera a ser ella. Parecía como si la muerte le hubiera golpeado con su puño invisible. Una semana después fue fotografiada jugando con mariposas. En esas imágenes la gorila parece recompuesta y corre y salta. Contempla atónita la nube amarilla y negra que la rodea, que se acerca y se aleja, que vuelve y le explica, con una hermosa metáfora, que la vida, no sabemos muy bien cómo, siempre logra abrirse paso.






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