100 DOSIS DE AMOR [15] [Sawabona]
A veces pienso que estoy viviendo en otra dimensión diferente. Ese es el dilema en el que se desenvuelve otro de mis invitados, que le escribe a la mujer que se ha ido de su lado: "Atrapaste mi vida para siempre, o sea que no tendrá remedio cuantas fórmulas utilice para alejarme de ti. No tengo nada que reprocharte. Todo es agradecimiento, en unos momentos en los que ya el amor para ti no es lo primero, cuando sabes que a mí sólo el amor me compensa de todas las amarguras de este mundo... Pero todo te lo explicaré con tiempo, si aún me escuchas, si aún me esperas, si algún día te apetece venir a traerme tus besos que tanto me llenaron de ilusión y energía... Tal vez de otro vuelco la vida y pueda ser lo que soñamos, aunque pase lo que pase, siempre en mi corazón, porque siempre en mi mente, porque sólo tú me llenaste hasta el extremo de no desear a nadie más.
El Roble del Sesteo de Vallespinoso de Cervera
Este roble debería estar en los anales de la montaña palentina. ¿Te puedes imaginar una rama de 16 metros de larga? He visitado el de Velilla del río Carrión pero este de Vallespinoso de Cervera está muy bien identificado e incluso señalizado. Este es un roble desconocido a no ser por los del pueblo pero es una auténtica maravilla.
Yo, el Roble del Sesteo de Vallespinoso de Cervera
Soy un roble viejo, de esos que ya casi no quedan. Mis raíces se hunden desde hace siglos en la tierra tranquila de Vallespinoso de Cervera, a un paso de la ermita románica y bajo el cielo limpio de la Montaña Palentina. Aquí he pasado mi vida, viendo cómo el paisaje cambiaba despacio mientras yo me afianzaba al suelo, paciente y firme.
Me llaman el Roble del Sesteo porque, durante generaciones, fui refugio y sombra para caminantes, pastores y animales. En mis mejores años, cuando mi copa era aún más amplia y cerrada, era común ver a los pastores tumbarse a mis pies para descansar mientras el ganado rumiaba en silencio a mi alrededor. Las ovejas buscaban mi sombra en verano, y en invierno yo les ofrecía un pequeño resguardo contra la ventisca que bajaba de las montañas.
He escuchado historias de todo tipo: los amores jóvenes que se prometieron bajo mis ramas, las conversaciones de hombres cansados al final de la jornada, el murmullo de los niños que jugaban...
Un rincón en la montaña
Suscribirse a:
Comentarios
(
Atom
)
























