100 DOSIS DE AMOR [14] [Sawabona]
Cierto que a diario me sumerjo y me peleo con la filosofía. Procuro aliviar mis heridas con el razonamiento. Aquí mezclo ficción con realidad, a veces me convierto sin querer en el protagonista. Una de las protagonistas de estas pequeñas dosis me confirma lo difícil que es dejar la relación y seguir siendo amigos. Cuando uno de los dos lo lleva grabado a fuego y nota cómo se caen todas las aldabas. ¿Qué hago yo? -se pregunta ¿Qué va a ser de mi vida? Él, que sin (su) amor se siente perdido, vacío... como esperando que llegue un día en que el corazón le dé una sorpresa y le diga, ya puedes seguir, que ya no sientes dolor...
El Roble del Sesteo de Vallespinoso de Cervera
Este roble debería estar en los anales de la montaña palentina. ¿Te puedes imaginar una rama de 16 metros de larga? He visitado el de Velilla del río Carrión pero este de Vallespinoso de Cervera está muy bien identificado e incluso señalizado. Este es un roble desconocido a no ser por los del pueblo pero es una auténtica maravilla.
Yo, el Roble del Sesteo de Vallespinoso de Cervera
Soy un roble viejo, de esos que ya casi no quedan. Mis raíces se hunden desde hace siglos en la tierra tranquila de Vallespinoso de Cervera, a un paso de la ermita románica y bajo el cielo limpio de la Montaña Palentina. Aquí he pasado mi vida, viendo cómo el paisaje cambiaba despacio mientras yo me afianzaba al suelo, paciente y firme.
Me llaman el Roble del Sesteo porque, durante generaciones, fui refugio y sombra para caminantes, pastores y animales. En mis mejores años, cuando mi copa era aún más amplia y cerrada, era común ver a los pastores tumbarse a mis pies para descansar mientras el ganado rumiaba en silencio a mi alrededor. Las ovejas buscaban mi sombra en verano, y en invierno yo les ofrecía un pequeño resguardo contra la ventisca que bajaba de las montañas.
He escuchado historias de todo tipo: los amores jóvenes que se prometieron bajo mis ramas, las conversaciones de hombres cansados al final de la jornada, el murmullo de los niños que jugaban...
Un rincón en la montaña
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