Dos Rafaeles y un Marcelino
Una tarde vinieron a casa los dos Rafaeles: Royo y Oliva. Tomamos café, en la cocina; por ella han pasado poetas importantes y casi todos los amigos de mi marido. Es tan chica que casi nos chocamos con las tazas de café, pero nos escuchamos, con orden, y nos entendemos. Yo sabía lo que iban a proponerle pues Rafael Oliva se lo había dicho a Elena, y Elena, su mujer, a mí. Ya se sabe que las amigas nos contamos las cosas buenas... Rafael tocaba el piano como los ángeles...Yo jamás he oído a ninguno, su hermano Alfredo también. Murieron pronto. Quedan sus viudas. Blanquita de Rafael, amigas, no de partidas de cartas. La otra, muy maja, vive al lado.
Le pidieron a Marcelino una letra porque Royo tenía ganas de participar en el Festival de la Paz, en Valladolid. Luego, él compondría, de acuerdo a los versos, la música. Y, manos a la obra, le quedó una letra tan buena que se llevó el Primer Premio a la letra, con dotación de 50.000 pesetas y lo mejor: La paloma de la paz. La música, pegadiza como gustaba entonces, la cantó José Vélez, canario, con voz que cautivó a los espectadores.
Estuvo francamente bien. Por entonces el futbolista Julio Iglesias comenzaba sus primeros pasos musicales. Y dio la casualidad, o la desgracia, que vaya usted a saber, de que la misma discográfica fichó a Vélez. Lo que nunca supimos con certeza, aunque "por lo bajines" se decía, que ese fue el modo de lograr que estuviese `quieto toro´ sin hacer la contra al futuro triunfador.
Todo estaba preparado aquel año en Valladolid. Adivinamos quien iba a ser el cantante ganador porque estaba tan maquillado que parecía tener el color de una calabaza brillante. No escribo su nombre, no me apetece. Bastante disgusto nos llevamos. Creo que Vélez había cantado otro par de canciones y volvió a aparecer con “Una copa de vino” melódica, también. Marcelino Y Rafael siguieron su carrera, yo no tuve tiempo. Tampoco escuché mucho más a Julio. Transcribo la letra y el estribillo -que se repetía- sólo una vez:
AL VUELO DE LA PAZ
Letra: Marcelino García Velasco.
Música: Rafael Royo:
Podría oler a viento
mi voz y tu mirada,
si tu mano y mi mano
se supieran hermanas.
Podría, compañera,
saber a canto llano
el aire del amor
si el amor que estrenamos
no quedara en los dos.
Me tengo que conformar
con las espumas que deja
un barco sobre la mar
==estribillo==
Malditos los que ponen
precio al aire, banderas
delante de la paz...
malditos los que rompen
el silbo de las hierbas,
la luz de la verdad...
Qué bien podría oler
la brisa mañanera
al vuelo de la paz
libre, sin santo y seña.
Mañana, compañera,
nuestros hijos tendrán
un amor en sus manos
y la paz sin hallar
porque Amor no sembramos.
Sobre las aguas del tiempo
está la paz como un mar
sin barcos ni movimiento.
Cuaderno de notas
En el intermedio, durante el descanso, alguien del jurado requirió la presencia de Marcelino y le dijo que la letra iba para primer premio pero debería sustituir la palabra malditos... Se fue a dar un paseo hasta la Antigua y volvió con aquella palabra. Vélez la cambió y...todo resuelto.
Luego el tándem, mejor dicho el trío, junto a Oliva, participaron en otros certámenes y Marcelino ganó la espiga de Oro, la de plata y la de bronce.
Pero eso se lo cuento otro día.
























