Una especial representación de teatro
La nula coincidencia, en algún momento al menos, en nuestros paseos al exterior del internado con las chicas del otro Colegio de la localidad, que atestiguamos sin excepción todos los que por allí pasamos durante aquellos años, se quebró, sin embargo, como salvedad única, en aquella ocasión en la que, para sorpresa general de todos y cada uno de nosotros, se nos anunció que para el estreno en nuestro Colegio de la obra de teatro que algunos de nosotros estábamos ensayando, se había hecho una invitación en firme al otro Colegio existente en Cervera de Pisuerga, el de monjas, para que sus alumnas asistiesen al evento en nuestro Salón de Actos.
Excuso decir que tras escuchar la noticia, nos entró de pronto un temblor interior, rayano en el nerviosismo más severo, que permanecería dentro de nosotros durante unos cuantos días. Por lo que de inmediato nos apresuramos a comentarlo y ponerlo en común con nuestros amigos más cercanos. Pensando en qué tendríamos que hacer nosotros en tal momento, si saludarlas y darles la bienvenida a nuestro Colegio, entablar algún tipo de conversación de cortesía con las chicas más cercanas a nosotros en las sillas del Salón de Actos, responder a sus miradas y ser amables con ellas, o tal vez actuar con normalidad y sonreírlas solamente. Lo cierto es que aquello resultaba para nosotros un acontecimiento mucho más que extraordinario, novedoso al ciento por ciento, que estuvimos unos días con un reconcome interior rayano en el nerviosismo severo, que nos llevó a una cierta melancolía y a sentir en el estómago una especie de mariposillas revoltosas que no paraban de revolotear cada día de la mañana a la noche; produciéndonos incluso una cierta pérdida de apetito en algunos casos. Y claro, esperando que llegase cuanto antes el día del estreno de aquella obra de teatro; porque si no, no sabíamos qué iba a pasar con nosotros en un estado de emoción y nerviosismo así. Como era de esperar, en vísperas de la representación desde la dirección del Colegio se nos impartieron unas instrucciones meridianamente claras al respecto y severas por demás, sobre cuál debía ser nuestro comportamiento esa tarde en el Salón de Actos para con las chicas del otro Colegio. Que iban desde el que no nos alborotásemos innecesariamente y guardásemos silencio por encima de todo; que las respetásemos y mostrásemos nuestra educación en todo momento como anfitriones que éramos; que nos comportásemos ante ellas como lo hacíamos habitualmente, sin ninguna subida de tono, ni estridencias ni escándalos de ningún tipo; que no entablásemos conversación con ellas bajo ningún concepto, a pesar de que algunas de ellas estuviesen cercanas a nosotros por su distribución en el Salón. Y que allí estábamos sólo para ver la representación de teatro, aunque las tuviésemos a ellas como invitadas. Y que, por supuesto, si no cumplíamos las normas habría un castigo ejemplar y colectivo para todos nosotros. Así que, llegado el día y, en concreto la tarde de aquel estreno de nuestra obra de teatro, en la que habíamos puesto la confianza de que sería una tarde especial para nosotros que nos marcaría de alguna manera, pasaría en esencia con más pena que gloria, y con los nervios todavía presentes y las mariposas metidas en el estómago; que tardarían todavía algunas horas en desaparecer una vez finalizada la representación y que ellas abandonasen nuestro Colegio. Y es que, en verdad, nuestro deseo era hablar con ellas, preguntarles cosas de su internado y su vida en el mismo, sus juegos, sus paseos, sus aficiones y todo lo que fuese surgiendo al respecto. Pero la imposibilidad de hacerlo, ni siquiera intentarlo por las normas tan estrictas establecidas por nuestros superiores, nos dejaron al final un regusto demasiado agridulce y teñido de decepción, a pesar de nuestra corta edad. Quedándonos también con las ganas de conocer cómo lo habían pasado ellas, las chicas del otro Colegio, aquella tarde junto a nosotros. Si les gustó nuestra obra de teatro, si se divirtieron con ella, si al marcharse nos calificaron a nosotros como tristes, aburridos y nada simpáticos; o tal vez caballerosos y educados por encima de todo. Claro que ellas nunca sabrían tampoco las duras instrucciones que a nosotros se nos habían impartido al respecto de su presencia en nuestro Colegio. Que, muy probablemente, ellas las recibirían también en similares términos para tal ocasión.
Actualización jun2026 | 💥+533👀



























