De aquellos barros, estos lodos
Francisco Galván
Cuando Carlos Solchaga, a la sazón ministro de Economía del gobierno socialista, dijo en la década de los Ochenta del siglo pasado que España era el país del mundo donde más rápido se podía hacer uno rico, no anunciaba nada nuevo. Era algo que ya se sabía desde hacía más de un siglo. España era entonces el país del pelotazo, y lo ha seguido siendo (que se lo pregunten a los Gürtel), pero también lo era hace ciento ochenta años. Uno de los pelotazos más sonados y a la vez más sangrantes de la historia de España fue el que protagonizó en 1837 el jefe del gobierno Juan Álvarez de Mendizábal. Liberal, progre y, por lo que se vio, bastante espabilado. Mendizábal puso en práctica algo que se llevaba intentando desde hacia mucho tiempo antes: desamortizar los bienes improductivos de la Iglesia, que, recordemos, era el principal propietario de bienes inmuebles de España. Una de las propiedades desamortizadas fue el convento de los Agustinos Recoletos de Madrid, que había sido fundado en 1595 y dio nombre al actual Paseo de Recoletos. Allí estaba enterrado el pintor extremeño Francisco de Zurbarán, que falleció en 1664 en las mismas dependencias del convento que habitó en sus últimos años de su vida. Tanto el edificio como la sepultura del pintor resistieron a los desmanes de la invasión francesa de 1808, aunque los gabachos robaron algunas obras de arte del recinto religioso. Pero no pudieron con la piqueta desamortizadora. En 1837 el edificio fue derribado y lo que es peor, se perdió la tumba de uno de los mejores pintores que ha dado la humanidad. Tras el derribo, el solar fue subastado el 29 de noviembre de 1837. ¿Y quién lo compró? ¡Mendizábal, el propio desamortizador! Aunque bien es cierto que ya no era el presidente del Consejo de Ministros. Mendizábal pagó entonces un millón trescientos cincuenta y tres mil reales, lo que vienen a ser, grosso modo, 338.250 pesetas o 2.030 euros de hoy día. En el solar se instaló un taller de carruajes que, poco después, hacia 1866, fue derribado para construir allí un gran palacio neoclásico para acoger la cultura nacional que, desde 1895, acogió a la Biblioteca Nacional y al Museo Arqueológico, tal como son hoy día.

Francisco Galván es periodista y escritor.
Premio Ateneo de Sevilla de Novela Histórica (2010);
Finalista “Felipe Trigo”, Premio Diablo Cojuelo…
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Francisco Galván ha hecho de la escritura un camino en el que cada día se siente más seguro, como lo avalan tan importantes premios recibidos. Su trabajo en la Agencia EFE le da margen para conocer muchas historias que, me imagino, algún día publicará en sus memorias.
ResponderEliminarLo de la Iglesia ya lo lleva peor. La separación Iglesia-Estado que pedimos el resto de blogueros amigos suyos, él lo lleva a cañonazos, y basta una mirada a su blog para ver el martirio del "Gran Birón".
Pero así es Paco. Y así lo queremos.
Un placer tener tu firma en este rincón.
Pareciera que no hay remedio y que damos vueltas por los mismos caminos.
ResponderEliminarNo lo digo por mi vecino, que hace muy bien en recordar estas cosas, sino por la anécdota.
El poder corrompe.