El culebrón de las galletas
Hace 26 años su fundador moría en un accidente de tráfico, dejando a su esposa María Teresa Rodríguez al frente de la misma. Según las informaciones que han ido apareciendo en prensa estos días, ella tuvo que hacer de padre y madre de sus cuatro hijos –el mayor tenía 12 años- y pluriemplearse como ama de casa y empresaria.
Tomó las riendas de la empresa que entonces tenía 120 empleados y contrató como director general a Juan Miguel Martínez Gabaldón, hoy motivo de la decisión judicial por la que los hijos y actuales encargados, han tenido que pagar nueve millones de euros a quien durante 22 años llevó las riendas de manera efectiva hasta situarla donde está hoy, con unas ventas de 159 millones, unos beneficios de 25 millones y 800 empleados. De los cuatro hijos, la más pequeña, Lourdes, profesora en la misma localidad, es la única que se mantiene fiel a la madre. Los demás hijos parece que nunca entendieron cómo un hombre ajeno a la familia poseía el 16% de Gullón, sin apercibirse que parte de aquel crecimiento de la empresa se debía a que el dúo Telle-Gabaldón, siempre habían invertido los beneficios y nunca se habían repartido dividendos.
Vistas así las cosas, los tres hijos y los dos hermanos de María Teresa, unieron sus fuerzas y se hicieron con el Consejo, despidiendo a la madre y al controvertido Gabaldón.
Este caso es un claro ejemplo de las dificultades que tienen las empresas familiares para gestionar la sucesión. Las disputas no sólo acaban con la armonía familiar, sino que sitúan en un callejón sin salida a la compañía que muchas veces acaba vendiéndose.
La restitución en su puesto de JM Martínez Gabaldón hace unos días, tras la proclamación de María Teresa como administradora única, ha abierto nuevas heridas y ha cambiado el organigrama de la empresa, desapareciendo el Consejo de Administración. Por su parte, Félix Gullón calificó la situación como «kafkiana», y la conducta de Gabaldón como inmoral. «Pretendimos llegar a un acuerdo con él, pero no quiso, argumentando que no lo quería mientras hubiese pleitos, y con esa excusa ha cobrado 9 millones y ha vuelto, y eso nos parece inmoral a nosotros, a los sindicatos y a todo el pueblo», insistió.
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Apasionante lucha de poder. No es necesario irse a Falcon Crest para observar las luchas por controlar un negocio próspero.
ResponderEliminarSalu2
Pues Markos pisóme lo de Falcon Crest.
ResponderEliminarAhí anda el presidente de la asociación de empresas familiares, cuyo nombre es bien español, por lo que parece, dando por..., perdón, acosejando al Gobierno.
No tiene nada que ver, pero recuerdo que el anciano Aniano (creo que se llamaba) Fontaneda, creador de la empresa que lleva su nombre, era corresponsal de Efe en Aguilar de Campoo, y nos remitía a Valladolid unas cartas escritas en papel cebolla, con presuntas noticias, que tardaban una semana en llegar. No nos servían para nada, pero resultaba entrañable.
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