¿Por qué nada es lo mismo?
Es que se está tan bien aquí al fresco, oyendo el mar”, me dices tú cuando tiro del hilo invisible que nos une mientras se me caen las pestañas y el ánimo; al final me voy a la cama con el runrún de las olas como única compañía. Tú dices que son los años, que nos hacen más tranquilos, pero yo sé qué algo malo nos sucede aunque sea torpe para ponerle nombre. Mientras visto los sofás de la terraza y espanto la humedad de los enseres de la cocina auguro lo que pasará los próximos quince días y siento que me lo conozco de memoria: tus paseos matinales para comprar pescado en el puerto, mis baños vespertinos, las cenas tempranas y alguna refriega en unas sábanas que antaño no tenían resuello. Todo porque este protocolo anquilosado de pareja bien avenida se ha instalado en medio de los dos y nos ha fagocitado la pasión. Y mira que te quiero, pero cada vez que te busco no sé porqué encuentro al marido antes que al amante.
Teresa Viejo
SOBRE ESTA BITÁCORA

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Alguien diría, son cosas de la edad, pero es una etapa mas de la vida. Y se está tan agustito juntos.....
ResponderEliminarInés, ciertamente, cada edad tiene su encanto. Aprovecho para desearte una buena entrada de año.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo
Gracias amigo, a pesar de tantas pérdidas que al corazón le duelen, tengo que admitir que pudo ser peor.
ResponderEliminarFeliz Navidad y felicitaciones por este magnífico trabajo.
Un abrazo.