¿Necesitamos tanto para vivir?
Y, todo ¿para qué? Pues, para tener más cosas en casa, para no ser menos que nadie, para vivir de cara a la galería, para ver mejor el fútbol, para que los niños no se sientan inferiores y puedan presumir de smartphone de última generación.
Con motivo del importado made in USA Black Friday, o viernes negro de rebajas cuya extensión se hace peligrosa, da yuyu ver fotos y vídeos de gentes que se pelean, se pisan, se amontonan, madrugan y duermen en las aceras para entrar los primeros y agarrar objetos, abrazarlos contra sí como si se tratara de sus propios hijos, de sus tesoros más valorados; televisores, equipos de música, ropas, calzado y otras variadas y prescindibles baratijas. A primera vista nos sorprenden esas masas informes de piernas, brazos, cabezas y manos superpuestas, en un puzle dónde es imposible descifrar qué miembro pertenece a qué cuerpo y cuál de todas las cabezas dirige la mano que se llevará la presa hasta la caja para pagar un precio reducido. Todo un triunfo. La victoria es para el más fuerte, para quién mejor y más desaforadamente pisa, empuja, da codazos y sopla enfurecido como una bestia cabreada despellejando al que se cruce. El hombre cazador. Es la condición humana.
Y, todo ¿para qué?. Pues, para tener más cosas en casa, para no ser menos que nadie, para vivir de cara a la galería, para ver mejor el fútbol, para que los niños no se sientan inferiores y puedan presumir de smartphone de última generación. Y, lo peor, con el tiempo los niños serán como los papás, vacuos, vanos, simples, se tirarán a matar para ganar más dinero y poder comprarse un coche nuevo cada cuatro años y más grande cada vez, porque su valor personal no serán sus capacidades ni sus cualidades ni sus valores, si no su poder adquisitivo y su enérgica manera de merendarse al que se suponga un obstáculo para lograr ese dinero que camuflará su miserable y acomplejado ego.
Siempre hubo familias con raquitismo a causa de comer solo patatas durante todo el año para exhibir ropa de marca o ir de vacaciones unos días a la playa y poder contarlo. En los últimos años esta deprimente forma de organizarse alcanza niveles insospechados. La era de la abundancia nos igualó en un derroche inmoral y exhibicionista. Ahora la crisis ha hundido esos estatus basados tan solo en lo que se ve externamente. Qué lástima, nada dentro de esos figurantes puede suplir las carencias materiales; viven y sufren como huérfanos desvalidos intentando arrostrar su cada día como si nada pasara. Pobres gentes, pobres generaciones en marcha, sin dinero y sin cosas no son nada.
Ultima actualización, Feb2025 | +611👀
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