Enfermos de amor propio
Si hay una enfermedad intratable en nuestra época esa es la enfermedad del exceso de amor propio, la enfermedad del mito de Narciso.
Y no sólo por la dificultad de no poder tocar del todo nuestro narcisismo, dada la necesidad que tenemos los humanos de amarnos, pues sin esa dosis de cuidado propio, de buena compañía con nosotros mismos, de entente cordial, tampoco es posible ni vivir ni sobrevivir. Llevarse bien con uno mismo conduce con el tiempo a un cierto amor por el personaje que somos, nos acabamos teniendo simpatía, aunque a veces tardamos en amarnos un poquito. Es curioso cómo hay niños desde muy pequeños que se aman con locura, agarrándose a su propia imagen y a su propio cuerpo como quien se agarra a lo único. Pero niños que desde el primer minuto pueden amar al de al lado y olvidarse de sí mismos, tener risa social abierta. Ocurre que las vicisitudes de la vida, las heridas que recibimos en el teatro social, pueden empujarnos a replegarnos en nuestro propio refugio y entonces sólo amamos nuestra imagen, nuestras palabras, nuestro pequeño mundo. Nos encerramos en el castillo. Y el amor propio es llevado a categoría sublime. Yo, yo, yo, yo. Y después…yo. El horror narcisista es tal que mientras todos nos damos cuenta, él/ella, él/ella que se ama por encima de todas las cosas amables en este mundo, está a uvas, preso en su cárcel. La prisión de alta seguridad a la que acaban yendo los enfermos de amor propio. Y es una enfermedad intratable en nuestra época porque se han puesto de moda una suerte de tonterías como la de la auto-estima, como la de ser siempre positivos, como la de la obligatoriedad de ser felices, como la de encumbrar el ego personal, y…la marca personal. Y así. Y porque su ‘majestic baby’ es adulado, alabado, idolatrado desde la cuna con una intensidad y un frenesí inédito históricamente. Ay! esa sentencia: “Las astucias incansables del amor propio”, (La Rochefoucauld), cuánta razón. Cuando al sujeto de nuestra época le tratas de descompletar, de bajar de su fatuidad, de su orgulloso orgullo, te encuentras con que encuentra siempre recursos para seguir amándose por encima de todas las cosas. Enfermar de amor propio puede ser intratable hoy en día, pero habría que asegurarse, por salud ciudadana, de que no finalice siendo una enfermedad incurable.
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