Mi corazón visto desde el espacio
«Todos buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo confusamente que tienen una.»
VOLTAIRE
Te quise, pero ya no te quiero, y entre una cosa y otra es como si hubieran estallado a la vez cien bombas atómicas,
dejando una devastación indescriptible. La onda expansiva me llevó de rebote hasta Australia y ahora regreso a mi ciudad porque mi padre, que lleva muriéndose mucho tiempo, no tiene ninguna posibilidad de salir del coma y necesitan mi firma para desenchufar las máquinas que mantienen sus constantes vitales.
Mientras intento dormir un poco, pienso en lo raro que es todo. Viajar en avión, por ejemplo: la comida de juguete que te sirven, la sonrisa ortopédica de las azafatas, el aire reciclado cien veces que, antes de entrar en tu interior, ha pasado por los pulmones y por los intestinos de docenas de pasajeros, los controles de seguridad en los que te tratan como a un terrorista, pero luego te ofrecen perfumes de lujo y licores caros. Creo que en este viaje he visto cachear a un niño de cinco años, pero no podría asegurarlo, porque el cansancio me hace notar en una atmósfera onírica y yo siempre he tenido problemas para saber dónde termina la imaginación y dónde empieza la auténtica vida. Nadie te pide el pasaporte al cruzar ese límite.
—¿Qué le trae por la Realidad? ¿Negocios o placer? —te preguntaría el funcionario de la aduana.
Y tú le darías una respuesta tópica, aunque fuera falsa:
—Ambas cosas.
Alejandro Cuevas (Valladolid, 1973) estudió en varias universidades y ha publicado cuatro novelas: Comida para perros (1999), La vida no es un auto sacramental (1999, accésit del Premio Nadal y Premio Ojo Crítico), La peste bucólica (2003) y Quemar las naves (2004, Premio Rejadorada). Ha ganado numerosos premios de relato y algunos de ellos están recopilados en el libro Mariluz y el largo etcétera (2018). Todas sus historias, largas o breves, constituyen una insólita mezcla de costumbrismo desquiciado y una desbordante imaginación.
ARIA
Te quise, pero ya no te quiero, y entre una cosa y otra es como si hubieran estallado a la vez cien bombas atómicas,
dejando una devastación indescriptible. La onda expansiva me llevó de rebote hasta Australia y ahora regreso a mi ciudad porque mi padre, que lleva muriéndose mucho tiempo, no tiene ninguna posibilidad de salir del coma y necesitan mi firma para desenchufar las máquinas que mantienen sus constantes vitales.
Mientras intento dormir un poco, pienso en lo raro que es todo. Viajar en avión, por ejemplo: la comida de juguete que te sirven, la sonrisa ortopédica de las azafatas, el aire reciclado cien veces que, antes de entrar en tu interior, ha pasado por los pulmones y por los intestinos de docenas de pasajeros, los controles de seguridad en los que te tratan como a un terrorista, pero luego te ofrecen perfumes de lujo y licores caros. Creo que en este viaje he visto cachear a un niño de cinco años, pero no podría asegurarlo, porque el cansancio me hace notar en una atmósfera onírica y yo siempre he tenido problemas para saber dónde termina la imaginación y dónde empieza la auténtica vida. Nadie te pide el pasaporte al cruzar ese límite.
—¿Qué le trae por la Realidad? ¿Negocios o placer? —te preguntaría el funcionario de la aduana.
Y tú le darías una respuesta tópica, aunque fuera falsa:
—Ambas cosas.
El autor
Alejandro Cuevas (Valladolid, 1973) estudió en varias universidades y ha publicado cuatro novelas: Comida para perros (1999), La vida no es un auto sacramental (1999, accésit del Premio Nadal y Premio Ojo Crítico), La peste bucólica (2003) y Quemar las naves (2004, Premio Rejadorada). Ha ganado numerosos premios de relato y algunos de ellos están recopilados en el libro Mariluz y el largo etcétera (2018). Todas sus historias, largas o breves, constituyen una insólita mezcla de costumbrismo desquiciado y una desbordante imaginación.
SOBRE ESTA BITÁCORA

Esta bitácora nace en noviembre de 2008 con el ánimo de divulgar historias curiosas y entretenidas. Son 17 años acudiendo diariamente a la llamada de amigos que vienen de todo el mundo. Con +6.684.700 visitas, un mapa del románico abierto a finales de 2023 que ya ha recibido +792.700 consultas y +6.100 artículos en nuestra hemeroteca, iniciamos una nueva andadura. Comparta, Comente, síganos por nuestros canales de Telegram y Wasap. Y disfrute. ¡Es gratis!