El silencio de Dios
Leo, amor, el poema "Nosotros":
Como el agua que salta la cascada,
que brilla y canta, y acabado el salto
es sólo agua,
así nosotros pues la vida
-según venimos aprendiendo-
sólo es coda y señal esplendorosa
que acaba en puro
silencio
y olvido perdurable.
En este Viernes Santo, mi día de desolación, Él, en silencio, te llamó. Había rezado varias veces la oración que oíste de mis labios, en una lejana Semana Santa vivida en Acebo. El canónigo que oficiaba, Luis Sánchez Arroyo, me pidió que la recitase ante la ermita de Jesús Nazareno. Escuchabas atento, clavabas tus ojos en mí, sin hablarme ya, apretando, aún, mi mano con una de las tuyas. Así comenzó nuestro noviazgo, al regreso de Cervera, DKV de Honorino, después del baile: cogiste entre las tuyas mis manos y supe que mi destino quedaba unido al ritmo de tu vida. En la misa de familia fue tu nieta, Jimena, quien las acarició.
Calderón de la Barca, decía: «El idioma de Dios es el silencio». Escribe Miguel de Santiago, en un libro magnífico y necesario: «Sí, el idioma de Dios es el silencio. Porque es en el silencio donde se encuentran y dialogan Dios y el hombre, criatura suya, hijo suyo. Y se entienden». Con cariño, llegamos al final del camino compartido. Ya, definitivamente sola, te recuerdo en la fotografía, último regalo de nuestro Javier Marín, que puse a los pies del féretro. Vuelvo al consuelo de tus versos en: Al vuelo de tu nombre, libro que fue gozo unánime. Escrito un mes de julio, junto a nuestros hijos, en el silencio de Acebo, en la noche. Al amanecer, leías para mí, con tu inolvidable, hermosa y modulada voz, cada poema. Brotaban mis lágrimas por la emoción. Luego, en Palencia, robándole horas al sueño hiciste trabajo de laboratorio, bien medido. Fue Premio Rafael Morales, año 1987, Colección Melibea, en Talavera de la Reina. La dedicatoria colmó mi orgullo: A Carmen, única plenitud de mi vida. Dejo algunos de tus versos:
Calderón de la Barca, decía: «El idioma de Dios es el silencio». Escribe Miguel de Santiago, en un libro magnífico y necesario: «Sí, el idioma de Dios es el silencio. Porque es en el silencio donde se encuentran y dialogan Dios y el hombre, criatura suya, hijo suyo. Y se entienden». Con cariño, llegamos al final del camino compartido. Ya, definitivamente sola, te recuerdo en la fotografía, último regalo de nuestro Javier Marín, que puse a los pies del féretro. Vuelvo al consuelo de tus versos en: Al vuelo de tu nombre, libro que fue gozo unánime. Escrito un mes de julio, junto a nuestros hijos, en el silencio de Acebo, en la noche. Al amanecer, leías para mí, con tu inolvidable, hermosa y modulada voz, cada poema. Brotaban mis lágrimas por la emoción. Luego, en Palencia, robándole horas al sueño hiciste trabajo de laboratorio, bien medido. Fue Premio Rafael Morales, año 1987, Colección Melibea, en Talavera de la Reina. La dedicatoria colmó mi orgullo: A Carmen, única plenitud de mi vida. Dejo algunos de tus versos:
«Me hice mayor un día en el que todas
las palomas nacían de tus manos,
zureaban tu nombre con el timbre
clavel de sus vocales, y al conjuro
del frescor de tomillo de tu lengua
me acercabas al sol.
Hoy, vuelvo a una joya: Hojas de Otoño, de Miguel de Santiago y busco apoyo, como paloma herida, sin remedio.
Hoy, vuelvo a una joya: Hojas de Otoño, de Miguel de Santiago y busco apoyo, como paloma herida, sin remedio.
SOBRE ESTA BITÁCORA

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Hoy como nunca, Carmen, siento tu palabra “como el agua que salta la cascada”, en tu despedida de tu amor divino, cuando ha llegado el “final de camino compartido”. Te ha dejado sola Marcelino, pero llena de gozos y recuerdos, “al consuelo de sus versos” que lees ahora en silencio. Seguro que cada noche oyes su “hermosa y modulada voz”, qué no te falte cada día ese placer de recordar y escuchar a tu querido Marcelino.
ResponderEliminarSi Marcelino era un gran poeta, su esposa Cármen no lo es menos, que maravilla de dedicatoria, que amor tan profundo y verdadero destilan sus palabras. Descanse en Paz.
ResponderEliminarDadme torrentes, ríos manantiales,
ResponderEliminardadme clamores como ríos
en la sangre infantil,
dadme frutales molineros
para saber que existe la esperanza...
EL POETA ANTE EL TIEMPO
De "Memoria del Mirar", 2006
Querida Carmen, comprendo tu dolor, pero Marcelino está en el aire del tiempo. Su esencia nos alienta. Su poesía es un legado imperecedero para todos los que le conocimos y le amamos. Ya ves que el poeta lo deja todo escrito, porque intuye que la esperanza existe. DEP
En tu memoria, Carmen, quedarán sus versos para siempre, y el recuerdo de ellos y de vuestras vivencias, te darán fuerza para seguir adelante, sin duda. Un fuerte abrazo.!
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