El Toto Zaugg nunca tiene frío
Entre mayo y junio del 2003, recién llegado a Vitoria desde mi Uruguay natal, estaba en mi flamante curro de camarero de barra, en un bar del centro. De aquellos días acaparo numerosas anécdotas, pero esta en particular me marcó para siempre.
Mario Raúl Geymonat
ECOS DE MI TIERRA
Les cuento que a Cardona y Florencio Sánchez, mis pueblos de la "primera adopción", allá lejos, llegaron tal vez por los años 50 del siglo pasado para establecerse definitivamente los hermanos Zaugg, el "Toto" y el "Ñato". Contaban que su familia trabajaba en un circo, y como ese circo se terminó, se desperdigaron por diferentes puntos del "paisito". Estos dos recalaron en mi pueblo. Bohemios todo lo que se pudo y más; generosos, siempre con algún chiste para hacerte reír, pero sobre todo, muy buena gente, y presentes en todos los asados del pueblo, porque el Ñato era muy buen guitarrista, y cantaba muy bien, y eran de puertas abiertas en cualquier reunión. Siempre eran bienvenidos.
El Toto casi nunca cantaba, pero no sé de dónde sacaba tantos chistes y amenizaba esos encuentros de amigos, entre canción y canción, con sus cuentos. Entonces si se invitaba a uno, el "pack" era de dos, jajajaja, y allá se presentaban. Muchas noches de reuniones compartí con ellos. Tuve esa dicha de haberlos conocido y haber tocado la guitarra con el Ñato en más de una ocasión.
Y en esa lejana primavera del 2003, a kilómetros de distancia de mis "pagos", con todo lo que conlleva el desarraigo, ese "exilio económico" que te lleva a dejarlo todo: familia, amigos, costumbres, en busca de un futuro un poco mejor, estaba sirviendo cafés a los clientes habituales del bar, y uno de ellos me dijo, (sabiendo que yo era uruguayo), que le gustó mucho la obra de Eduardo Galeano, y que me iba a dejar uno de sus libros para que lo leyera.
El libro era "Patas arriba, la escuela del mundo al revés". Una crítica social donde se exponen las injusticias del mundo, donde los valores aparecen invertidos y se legitima el poder a costa de los más vulnerables. Lo empecé a leer con mucho entusiasmo, pero al llegar a la página 47 no pude seguir. Se me hizo un nudo en la garganta y las lágrimas de la emoción me nublaron los ojos... Galeano, citaba una ocurrente anécdota del Toto Zaugg.
Palabras más, palabras menos, escribió:
El Toto casi nunca cantaba, pero no sé de dónde sacaba tantos chistes y amenizaba esos encuentros de amigos, entre canción y canción, con sus cuentos. Entonces si se invitaba a uno, el "pack" era de dos, jajajaja, y allá se presentaban. Muchas noches de reuniones compartí con ellos. Tuve esa dicha de haberlos conocido y haber tocado la guitarra con el Ñato en más de una ocasión.
Y en esa lejana primavera del 2003, a kilómetros de distancia de mis "pagos", con todo lo que conlleva el desarraigo, ese "exilio económico" que te lleva a dejarlo todo: familia, amigos, costumbres, en busca de un futuro un poco mejor, estaba sirviendo cafés a los clientes habituales del bar, y uno de ellos me dijo, (sabiendo que yo era uruguayo), que le gustó mucho la obra de Eduardo Galeano, y que me iba a dejar uno de sus libros para que lo leyera.
El libro era "Patas arriba, la escuela del mundo al revés". Una crítica social donde se exponen las injusticias del mundo, donde los valores aparecen invertidos y se legitima el poder a costa de los más vulnerables. Lo empecé a leer con mucho entusiasmo, pero al llegar a la página 47 no pude seguir. Se me hizo un nudo en la garganta y las lágrimas de la emoción me nublaron los ojos... Galeano, citaba una ocurrente anécdota del Toto Zaugg.
Palabras más, palabras menos, escribió:
"Según el punto de vista de sus vecinos del pueblo de Cardona, el Toto Zaugg nunca tiene frío", decían, porque debido a la austeridad con la que vivían, andaba con la misma ropa en verano y en invierno, por más frío que hiciera. Él no decía nada, frío tenía, lo que no tenía, era sobretodo, y es más, siempre en mi pueblo, había oído esa anécdota que, después me enteré, de qué forma llegó a oídos de Galeano, que era un señor de la capital.
Cuando pude regresar en el 2005, estaba deseando encontrarlo para contar esa vivencia mía, pero se me había adelantado en el viaje, y no pudo ser.
Cuando pude regresar en el 2005, estaba deseando encontrarlo para contar esa vivencia mía, pero se me había adelantado en el viaje, y no pudo ser.
Actualización: Abr2025 | +395👀